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¿Fue realmente el “evento del siglo”? Un análisis hidrológico de las lluvias de julio de 2026 en la Región de Coquimbo

Faro Monumental de La Serena rodeado de agua durante las lluvias de julio de 2026
Foto: Radio Cooperativa

Introducción

A raíz de los múltiples sistemas frontales que afectaron al centro-norte del país durante julio, dejando precipitaciones de gran magnitud, quise escribir este artículo para analizar la situación desde una perspectiva técnica, centrándome en la Región de Coquimbo, donde actualmente resido.

Este tipo de eventos extremos genera importantes impactos sobre la población, incluyendo daños a la infraestructura, interrupciones en servicios básicos como el suministro eléctrico y de agua potable, aislamiento de localidades y, lamentablemente, en los casos más severos, la pérdida de vidas humanas. Sin embargo, desde una perspectiva hidrológica, también representan una oportunidad para mejorar nuestro entendimiento de los procesos que gobiernan las precipitaciones y la respuesta de las cuencas. Cada evento aporta nueva información que permite contrastar y actualizar los criterios utilizados en los estudios hidrológicos e hidráulicos, contribuyendo a diseños más robustos y a una mejor planificación de la infraestructura frente a futuros eventos extremos.

Por otra parte, estos eventos suelen estar acompañados de un intenso debate público, donde confluyen aspectos técnicos, comunicacionales y políticos. Un ejemplo de ello fueron las declaraciones del gobernador de la Región de Coquimbo, Cristóbal Juliá —meteorólogo de profesión y vasta experiencia—, quien anticipó la llegada de lo que denominó el “evento del siglo”, una caracterización que posteriormente fue cuestionada por algunos especialistas. Más allá de la controversia, este tipo de definiciones no es menor. La forma en que se comunica la magnitud esperada de un evento puede influir en la percepción del riesgo y en la toma de decisiones por parte de las autoridades, afectando aspectos como la preparación de los organismos de emergencia, la movilización de recursos y la implementación oportuna de medidas preventivas.

En este contexto, el objetivo de este artículo es, por una parte, aclarar algunos conceptos fundamentales para comprender este tipo de eventos, especialmente para quienes no están familiarizados con la terminología técnica. Por otra, presentar la evidencia disponible que permita analizar, desde una perspectiva objetiva y pragmática, la magnitud y severidad de las precipitaciones registradas en la Región de Coquimbo durante julio de 2026.

Evento del siglo y definiciones

En hidrología, uno de los conceptos estadísticos más importantes es el período de retorno. En términos simples, corresponde al tiempo promedio que transcurre entre la ocurrencia de dos eventos de una magnitud igual o superior. Por ejemplo, una precipitación asociada a un período de retorno de 100 años puede interpretarse como un evento que, en promedio, ocurre una vez cada 100 años.

Sin embargo, esta definición suele dar lugar a confusiones. Una forma que se considera más intuitiva de entender el período de retorno es a través de la probabilidad de ocurrencia. Un evento con un período de retorno de 100 años tiene una probabilidad del 1% de ocurrir en cualquier año. Es decir, cada año existe una posibilidad de 1 en 100 de que se registre un evento de esa magnitud o superior.

La diferencia puede parecer sutil, pero es fundamental. Un período de retorno de 100 años no significa que el evento deba ocurrir exactamente una vez cada siglo. De hecho, podrían registrarse dos eventos de esta magnitud en años consecutivos o, por el contrario, podrían transcurrir más de 100 años sin que ocurra ninguno. El período de retorno es una medida estadística basada en probabilidades, no un calendario.

A medida que aumenta el período de retorno, por ejemplo de 50 a 100 años, el evento considerado es más extremo y, por lo tanto, menos probable. Este concepto es fundamental en el diseño de obras hidráulicas, ya que el período de retorno seleccionado define el nivel de seguridad con el que se dimensiona una infraestructura.

Aquí aparece uno de los principales desafíos de la ingeniería: encontrar un equilibrio entre el costo de construcción y el nivel de seguridad. Diseñar una obra para resistir eventos cada vez más extremos implica, en general, mayores costos. Por ello, en obras menores, cuya falla tendría consecuencias limitadas, suele adoptarse un período de retorno relativamente bajo, aceptando que eventos excepcionales puedan superar su capacidad de diseño. En cambio, en infraestructura crítica, como grandes puentes, embalses o presas, se utilizan períodos de retorno significativamente mayores, ya que una eventual falla podría tener consecuencias económicas, sociales y ambientales de gran magnitud, e incluso poner en riesgo vidas humanas.

A modo de ejemplo, en el ámbito del drenaje urbano los criterios de diseño varían según la importancia y función de cada infraestructura. Las obras de la red primaria, encargadas de conducir las aguas lluvias hacia los principales cauces o cuerpos receptores, suelen dimensionarse para períodos de retorno de entre 2 y 10 años, mientras que su verificación hidráulica se realiza generalmente para eventos de entre 50 y 100 años. En este contexto, la verificación hidráulica busca asegurar que, frente a eventos que excedan la capacidad de diseño, los excesos de agua se evacúen de manera controlada, limitando los daños y evitando consecuencias mayores.

Por su parte, la red secundaria, correspondiente a la infraestructura de drenaje a escala urbana o comunal, normalmente se diseña para períodos de retorno de entre 2 y 5 años, verificándose también frente a eventos de entre 50 y 100 años. Esto refleja que el objetivo no es evitar cualquier tipo de anegamiento, sino asegurar que el sistema funcione adecuadamente para los eventos frecuentes y que, frente a lluvias excepcionales, las consecuencias sean controladas y no comprometan la seguridad de la población.

Finalmente, conviene introducir otro concepto fundamental en hidrología: la intensidad de la lluvia. No es lo mismo que caigan 40 mm de precipitación distribuidos uniformemente durante 24 horas que esa misma cantidad se concentre en solo 2 horas. Aunque el volumen total de agua sea idéntico, la respuesta del territorio y de la infraestructura puede ser completamente distinta. De esta manera, la intensidad de lluvia se define como la cantidad de precipitación que cae por unidad de tiempo, expresándose habitualmente en milímetros por hora (mm/h). En términos simples, este indicador describe qué tan rápido está cayendo la lluvia.

De hecho, gran parte de las obras de drenaje urbano se diseña en función de la intensidad de lluvia. Consideremos un ejemplo sencillo: supongamos una tubería con una capacidad de evacuación de 10 litros por segundo. Si la lluvia es de baja intensidad y relativamente constante, el caudal que ingresa a la tubería podría mantenerse siempre por debajo de ese límite, permitiendo que el sistema funcione adecuadamente. Sin embargo, si la intensidad aumenta bruscamente, el caudal generado podría alcanzar, por ejemplo, 20 litros por segundo. En ese caso, la capacidad de la tubería sería superada y el exceso de agua comenzaría a acumularse en superficie, produciendo anegamientos o desbordamientos.

Este ejemplo ilustra una idea clave: para evaluar el potencial de una lluvia para generar inundaciones no basta con conocer cuánta agua cayó, sino también con qué intensidad y en qué período de tiempo lo hizo. En muchos casos, la intensidad de la precipitación resulta incluso más determinante que el monto total acumulado.

¿Qué dicen los datos?

Una vez revisados los conceptos fundamentales, es momento de analizar la evidencia. Para ello, se utilizaron los registros de precipitación de la estación La Florida La Serena Ad., perteneciente a la Dirección Meteorológica de Chile (DMC). El objetivo es evaluar, desde una perspectiva estadística e hidrológica, la severidad de las precipitaciones registradas durante julio de 2026 y responder, con base en la evidencia disponible, si es razonable caracterizar este episodio como el denominado “evento del siglo”, expresión utilizada previamente por el gobernador regional.

La estación se encuentra ubicada en el aeropuerto de La Serena, aproximadamente 4 kilómetros al este del centro de la ciudad, en las cercanías de la Ruta 41-CH, que conecta con el Valle del Elqui, a una altura cercana a los 140 metros sobre el nivel del mar. Esta estación fue seleccionada debido a la calidad y extensión de sus registros, contando con datos de precipitación diaria desde 1960 (es decir, un registro de 67 años) y de precipitación horaria desde 2019, con un nivel de completitud que la convierte en una de las mejores referencias para analizar este evento en la conurbación La Serena-Coquimbo.

A partir de este punto, el análisis adquiere un carácter más técnico. Sin embargo, se procurará explicar cada uno de los conceptos y metodologías utilizados, de manera que el contenido pueda ser comprendido tanto por especialistas como por lectores sin experiencia en hidrología.

Un año que cambió en 4 días

En primer lugar, se calculó la precipitación anual para cada año del registro, entendida como la cantidad total de lluvia caída durante un año, expresada en milímetros (mm). Este valor se obtiene sumando todas las precipitaciones diarias registradas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de cada año.

La Figura 1 presenta la precipitación anual registrada para cada año entre 1960 y 2025 (en negro), junto con la precipitación acumulada durante 2026 hasta la fecha de elaboración de este artículo (en rojo). Además, se incluye la precipitación media anual del período de análisis, que alcanza aproximadamente 80 mm/año, lo cual quiere decir que, en promedio, cada año llueve unos 80 mm.

Gráfico de precipitación anual acumulada entre 1960 y 2026 en la estación La Florida La Serena, con el percentil histórico del acumulado de 2026
Figura 1. Precipitación anual acumulada para cada año del período 1960–2026, junto con la precipitación media anual (panel superior) y evolución del percentil histórico de la precipitación acumulada durante 2026 (panel inferior). Fuente: elaboración propia a partir de los registros disponibles en la página web de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

El gráfico muestra un resultado particularmente llamativo. Hasta mediados de julio, 2026 correspondía a un año excepcionalmente seco, casi sin precipitaciones registradas en la estación. Sin embargo, tras los sistemas frontales que afectaron a la región durante un período de tres a cuatro días, la precipitación acumulada aumentó bruscamente, situando al año entre los más lluviosos de toda la serie histórica, aun cuando todavía restan varios meses para finalizar.

Esta evolución se aprecia con mayor claridad en el gráfico inferior de la figura, donde se representa el percentil del acumulado anual a medida que avanza el calendario. En términos simples, el percentil indica la posición relativa de un valor respecto de todos los años del registro. Así, el percentil de 98,5% significa que la precipitación acumulada en 2026, hasta la fecha considerada, supera la registrada en el mismo momento del año en aproximadamente el 98% de los años analizados.

Lo anterior implica que, en apenas cuatro días, 2026 pasó de ser, hasta ese momento, un año excepcionalmente seco a ubicarse casi en el año con mayor precipitación acumulada para esa misma fecha. Si bien en la Figura 1 la línea roja, correspondiente a 2026, alcanza valores similares a algunas de las líneas negras, existe una diferencia importante: en esos años la precipitación se acumuló gradualmente a lo largo de los meses previos, mientras que en 2026 prácticamente la totalidad del acumulado se concentró en unos pocos episodios de precipitación. En otras palabras, no solo destacó la magnitud de la lluvia registrada, sino también la rapidez con que se produjo dicho aumento. Y es que en solo 4 días precipitó más de 2,2 veces lo que precipita en un año promedio.

No solo importa cuánto llueve, sino qué tan rápido

En la Figura 2 se presentan los registros de precipitación horaria, los cuales representan la intensidad de la lluvia ponderada en intervalos de una hora. Si bien el período de datos disponibles es relativamente corto —con registros únicamente desde 2019—, resulta interesante observar que durante estos eventos la intensidad máxima alcanzó valores cercanos a 20 mm/h. A modo de comparación, durante los años anteriores las mayores intensidades horarias registradas en esta estación se encontraban en torno a 5 mm/h, por lo que el valor alcanzado durante julio de 2026 representa un aumento significativo respecto de los antecedentes disponibles.

Para dimensionar la magnitud de este registro, en una sola hora se acumuló una cantidad de lluvia equivalente a cerca del 25% de la precipitación media anual de la estación. Este máximo de intensidad se registró durante la noche del domingo 19 de julio, coincidiendo con el período en que se reportaron los mayores impactos asociados al evento en las ciudades.

Gráfico de intensidad de precipitación horaria registrada entre 2019 y 2026 en la estación La Florida La Serena
Figura 2. Registro de intensidades de precipitación. Fuente: elaboración propia a partir de los registros disponibles en la página web de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

¿Qué tan improbable fue este evento?

En cuanto a la excepcionalidad de estos eventos, se realizó un análisis estadístico siguiendo los procedimientos clásicos utilizados en hidrología. El detalle metodológico completo no se desarrolla en este artículo, con el objetivo de mantener un equilibrio entre lo técnico y la facilidad de lectura. No obstante, es importante explicar un aspecto fundamental: este tipo de análisis se realiza utilizando las precipitaciones máximas anuales, las cuales corresponden al mayor registro de precipitación observado dentro de cada año, ya sea para una duración determinada (por ejemplo, un día) o para otra escala temporal de interés (dos, tres días, etc.). De esta manera, se construye una serie estadística con un único valor por año.

En la Figura 3 se presentan las series de precipitaciones máximas anuales utilizadas en el análisis. Una primera inspección visual permite observar la magnitud excepcional del evento registrado durante 2026.

Para una duración de un día, la precipitación máxima registrada durante este año alcanzó 79,4 mm, posicionándose como el segundo valor más alto de toda la serie histórica de 67 años, solo superado por el evento diario ocurrido en 1987, que alcanzó 104,7 mm.

Sin embargo, al analizar duraciones mayores, la situación cambia. Para acumulaciones de dos y tres días consecutivos, las precipitaciones registradas durante 2026 corresponden a los valores más altos de todo el período analizado, superando cualquier otro evento registrado en la estación. Esto evidencia que la excepcionalidad de este episodio no estuvo únicamente asociada a los montos alcanzados en un día, sino también a la persistencia del sistema de precipitación durante varios días consecutivos.

Tabla de calor con las precipitaciones máximas anuales en 1, 2 y 3 días para el período 1960-2026
Figura 3. Series de precipitaciones máximas anuales en 1, 2 y 3 días. Valores en milímetros. Fuente: elaboración propia a partir de los registros disponibles en la página web de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

Volviendo al concepto de período de retorno, se estimó la magnitud de la precipitación asociada a distintos niveles de recurrencia mediante el análisis estadístico de las series de máximos anuales. Los resultados se resumen en la Tabla 1.

A partir de este análisis, se obtiene que las precipitaciones registradas durante julio de 2026 corresponden, aproximadamente, a eventos con períodos de retorno de 40 años para la duración de un día, 75 años para dos días y 90 años para tres días. En otras palabras, se trata de eventos de muy baja probabilidad de ocurrencia, cuya excepcionalidad aumenta al considerar la persistencia de la precipitación durante varios días consecutivos.

Período de retorno (años) Precipitación máxima anual (mm)
1 día 2 días 3 días
226,831,331,5
546,657,960,4
1059,275,881,1
2070,392,4101,2
2573,797,4107,5
5083,4112,4126,8
10092,1126,4145,5
Tabla 1. Precipitaciones máximas anuales para distintas duraciones y períodos de retorno. Fuente: elaboración propia a partir de los registros disponibles en la página web de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

La tormenta vista desde el espacio

Con el fin de dimensionar la extensión espacial y la persistencia temporal de este evento, se elaboró un time-lapse utilizando el producto satelital Global Precipitation Measurement (GPM), el cual estima la tasa de precipitación a nivel global cada 30 minutos, con una resolución espacial aproximada de 11 kilómetros. Esta información permite visualizar la evolución de los sistemas de precipitación y comprender cómo se desplazaron e intensificaron a lo largo del territorio.

La Figura 4 presenta este time-lapse para un dominio comprendido entre Antofagasta y Chillán, permitiendo apreciar la magnitud del sistema frontal, su desplazamiento y la persistencia de las precipitaciones que afectaron al centro-norte de Chile durante varios días consecutivos.

Figura 4. Time-lapse del territorio chileno entre las ciudades de Antofagasta y Chillán durante los eventos de precipitación ocurridos durante julio. Fuente: elaboración propia a partir del producto GPM.

Limitaciones y consideraciones

Es importante señalar algunos puntos excluidos de este análisis. El estudio se centra exclusivamente en la precipitación, es decir, en la cantidad de agua que cae desde la atmósfera. Sin embargo, las inundaciones y sus consecuencias dependen también de numerosos factores propios del territorio, como la planificación urbana, la capacidad y estado de las obras de drenaje, y los cambios en el uso de suelo, entre otros. Por ello, la magnitud de la lluvia no siempre se traduce directamente en la magnitud de los impactos.

Otro aspecto que merece consideración es el posible efecto del cambio climático sobre este tipo de eventos. Si bien aún existe incertidumbre respecto a su magnitud, la mayoría de las proyecciones para la zona central de Chile apuntan a una disminución de la precipitación anual, acompañada de un aumento en la intensidad de los eventos extremos. En otras palabras, se espera que, en promedio, llueva menos, pero que las precipitaciones se concentren en períodos más cortos e intensos, incrementando el potencial de generar inundaciones, en especial en zonas urbanas.

Finalmente, es importante señalar que los análisis aquí presentados se basan en los registros de una única estación meteorológica y, por tanto, representan las condiciones observadas en un punto específico. Dado que este tipo de eventos presenta una importante variabilidad espacial (véase la Figura 4), la magnitud de las precipitaciones y, por consiguiente, su severidad, pueden diferir significativamente en otros sectores de la región.

Entonces… ¿estuvimos frente al evento del siglo?

Con todos los antecedentes y definiciones presentados, es posible volver a la pregunta que dio origen a este análisis: ¿estuvimos frente al “evento del siglo”? Si bien esa expresión no tiene una definición técnica formal, la evidencia presentada permite concluir que, probablemente, sí lo fue, al menos desde el punto de vista hidrológico y para la estación analizada. Considerando no solo la cantidad de precipitación registrada, sino también su intensidad y, especialmente, su persistencia durante varios días consecutivos, los registros de julio de 2026 se encuentran entre los más extremos observados en la serie histórica, llegando incluso a establecer nuevos máximos para acumulaciones de dos y tres días. Si bien siempre será posible que en el futuro ocurra un evento aún más severo, con la evidencia actualmente disponible resulta razonable considerar este episodio como uno de los más extraordinarios registrados en la Región de Coquimbo.

Para finalizar, me gustaría destacar el notable nivel de desarrollo que han alcanzado los sistemas modernos de pronóstico meteorológico. En esta ocasión, la llegada de los sistemas frontales fue anticipada con varios días de anticipación, permitiendo que tanto las autoridades como la población contaran con tiempo para prepararse. Si bien es común que los pronósticos sean objeto de críticas cuando las condiciones observadas no coinciden exactamente con lo previsto, conviene recordar que predecir la atmósfera es una tarea extraordinariamente compleja debido a la naturaleza caótica de los fenómenos meteorológicos.

Gracias a una combinación de observaciones, imágenes satelitales, modelos físicos y matemáticos, y un continuo desarrollo científico, hoy es posible anticipar con una precisión impensada hace algunas décadas la ocurrencia de eventos extremos. Si bien ningún pronóstico es perfecto, estas herramientas constituyen uno de los principales instrumentos para reducir el riesgo, permitiendo planificar, movilizar recursos y, en muchos casos, evitar pérdidas materiales e incluso salvar vidas.

En este contexto, la comunicación del riesgo adquiere un rol fundamental. Es responsabilidad de las autoridades y de los especialistas entregar información clara, rigurosa y oportuna, pero también es responsabilidad de cada uno de nosotros comprender la magnitud de las advertencias y actuar con la precaución que la situación amerita. La mejor herramienta frente a un evento extremo no es únicamente la infraestructura, sino también una ciudadanía informada y preparada.

Para quienes deseen realizar su propio análisis, pueden descargar aquí el registro diario y horario de la estación utilizada en este artículo.

Descargar registros de la estación (Excel)

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